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January 29 Mañanas de aeropuerto Era una mañana de aeropuerto; de esas en las que la luz no diferencia entre amanecer y anochecer; de esas en las que siempre hay alguien que marcha, hacia ningún lugar. Esas mañanas que sin saber muy bien por qué; sin llegar a comprender, se quedan grabadas en la memoria, y vuelven de vez en cuando, sin avisar; sin motivo... Era una de esas mañanas, y caminaba solo por las calles desiertas. La brisa le helaba la nariz y las orejas, pero era agradable sentir el frío. Las farolas estaban encendidas y desprendían una tenue luz que se difuminaba creando una atmósfera solitaria y un tanto melancólica. No sabía hacia donde se dirigía; a decir verdad, ni siquiera comprendía que le había empujado a salir a la calle a esta hora, pero tampoco le importaba demasiado. Estaba concentrado en el paseo. Paso tras paso, sólo sus pies. Caminaba por callejones estrechos, y jugaba con los papeles que hacían piruetas en el suelo. Caminaba por la ciudad desierta, y trataba de recordar como era cada mañana; como sería en apenas unas horas, cuando la gente despertara e inundara las calles. Cuando las ultimas estrellas rezagadas se apagasen al hacerlo las farolas. Cuando el sol decidiese salir una vez más, y todo empezara de nuevo. Trató de recordar todo ésto, y no pudo. Entonces realmente se sintió feliz de no poder recordarlo. Nadie recordaba ya la noche, y la madrugada era ya sólo un recuerdo lejano; reminiscencia de otro mundo. Los edificios escupían gente, y los coches surcaban las lineas de las calles. Todos estaban allí. Muchos tenían prisa; llegaban tarde, otros caminaban tranquilos, ocupados en sus problemas. Todos estaban allí, y sin embargo, faltaba él. Como a la noche, todos lo habían olvidado, y algunos ni siquiera lo habían conocido, pero las calles lo recordaban, y sabían muy bien que no estaba allí, entre la gente. Sabían que como sólo ocurre en las mañanas de aeropuerto, se había marchado, a otra ciudad, a otras calles. January 28 Exp. nº 890Con motivo de uno de mis experimentos sociológicos carentes de lógica, me he propuesto observar el número de visitas semanales (actualmente, en las buenas semanas, 150 aproximadamente), y compararlo con las que recibiré a partir el momento en el que publique esto, con una simple palabra. Apuesto a que las visitas se duplican. Cuando concluya con el estudio publicaré los resultados. SEXO 60066006 January 27 Recuerden recuerden...· La verdad es que no hacía frío, pero era invierno; y esa era excusa suficiente. Sólo faltaba la chispa; algo de fuego; un punto de partida. Fui hacia un cajón de el escritorio, y allí estaban; algo húmedas, pero aun servían. Coloqué la cerilla con cuidado sobre las ramitas, y el fuego se las tragó. Se las oía crepitar bajo las llamas; ese sonido que todos recordamos haber oído alguna vez, de pequeños, mientras alguien contaba una historia y nosotros mirábamos el fuego; las llamas, como si nunca antes hubiéramos visto algo tan intenso; hasta que las llamas bailaban en nuestros ojos. Esta vez no era diferente, al menos no del todo. El fuego estaba encendido, y ardía como siempre, bailando su propia canción; deslizándose por las ramas secas; ennegreciendolas y haciéndolas volar, en mil partículas negras y ligeras, pero que aun conservaban su esencia. Pero nadie contaba historias; no había nadie que mirara el fuego junto a mi...a nadie le interesaba ya el fuego y su música.
January 26 Un día cualquiera de un enero como todos los demás. Cerró la puerta del coche y entró en el supermercado. Yo me quedé en el coche, no me apetecía entrar; ver la engañosa luz blanquecina que lo ilumina, vagar por los pasillos mirando aquello que no necesito y no voy a comprar, escuchar las conversaciones de los clientes y soportar la incompetencia de las cajeras, que parece que vengan todas del mismo lugar, en el que les enseñan que cualquier llamada tiene prioridad sobre un cliente dispuesto a pagar, que espera obedientemente.
No, yo esperé en el coche. Dirigí la vista hacia el exterior, a mis espaldas la entrada del supermercado, a mi alrededor más coches, y gente con bolsas que se subían en ellos y desaparecían en la carretera. Frente a mi, los pinos; altos y escuálidos extendían sus ramas hacia el sol, y una leve brisa las mecía y bailaba con ellas. Una de las ramas, algo más horizontal que el resto, reposaba sobre una nube; la única nube del cielo; un cielo azul como pocas veces se ve.
Un poco más lejos, tras los pinos, en la calle...miró los coches pasar: rojo, azul, gris, blanco, rojo, negro, blanco...Al otro lado de la calle; otro mundo. La gente pasea tranquilamente, dos mujeres caminan juntas, visten igual, y sus gestos son iguales; no son gemelas, parecen hermanas. Es curioso como se copian los gestos y se integran en los propios.
En una de las casas de ese otro mundo, un hombre algo mayor se asoma a la ventana, y mira también los coches pasar, algo distrae su atención; mira a su derecha y sonríe. Un pájaro canta en la ventana contigua, seguramente lleva bastante rato cantando. No lo había escuchado.
Ella vuelve; cargada de bolsas. Las deja en el suelo mientras busca la llave. el maletero está cerrado. Lo abre. Guarda las cosas. Cierra el maletero con fuerza, más de la necesaria. Se sienta a mi izquierda mientras arranca el motor y me cuenta algo que ha pasado dentro. Yo no escucho, sólo asiento. Por hoy ya he visto bastante.
January 22 -"En días como este, yo siento ansia de esta inercia. Mi pensamiento parece abismado en alguna cueva tenebrosa. me levanto, doy un par de vueltas por la habitación, como un autómata; me siento; luego cojo un libro; leo cuatro líneas; lo dejo; tomo la pluma; pienso estúpidamente ante las cuartillas; escribo seis u ocho frases; me canso; dejo la pluma; torno a mis reflexiones...Siento pesadez en el cráneo; las asociaciones de ideas son lentas, torpes, opacas; apenas puedo coordinar una frase pintoresca...Y hay momentos en los quiero rebelarme, en que quiero salir de este estupor, en que cojo la pluma e intento hacer una pagina enérgica, algo fuerte, algo que viva...¡Y no puedo, no puedo! Dejo la pluma; no tengo fuerzas. ¡Y me dan ganas de llorar, de no ser nada, de disgregarme en la materia, de ser agua que corre, el viento que pasa, el humo que se pierde en el azul!" La voluntad. José Martínez Ruiz, Azorín. ¿A alguien más le resulta increíblemente familiar esta sensación o soy solo yo? January 21 ojos, gatos y sueñosOjos de gatos que sueñan; sueñan con ojos que miran, que miran los ojos que sueñan, soñando que también sueñan. ...que también sueñan ...que también sueñan ...que también sueñan January 05 El tiritirí de las ambulanciasLas ambulancias. ¿Cómo es posible que nadie se haya dado cuenta del peligro que entrañan las ambulancias? Analicemos con detenimiento el asunto: Alguien llama a una ambulancia, y esta se dirige hacia el lugar indicado "lo más rápidamente posible", atravesando el trafico a una velocidad considerable y emitiendo varios sonidos como lo son el /uiiiiu uiiiu/ o el aun más molesto /tiritirí/ uno de ellos, a mi entender es el que por muy cerca que se encuentre la ambulancia, siempre da la impresión de ser un sonido lejano y distante (lo que desorienta bastante), y el otro, es el que suena en el instante exacto en el que la ambulancia pasa junto a nosotros, provocando un gran sobresalto, y confusión al no saber por que lado aparecerá. Todo esto en conjunto, y aun más sumándole el hecho de saber que posiblemente haya un accidente cerca y esto afectará al trafico crean una situación de estrés que a mi entender fomenta los accidentes. Así pues, las ambulancias fomentan los accidentes de trafico. |
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